EL GRAN MERCADO DE PIELES
Comenzaremos por exponer una breve introducción en la que
explicaremos las características principales y evolución de
la ciudad celtíbero-romana de Contrebia Belaisca.
Todos estos datos y muchos más sobre cuestiones específicas,
pueden encontrarse en la bibliografía que acompaña a este
trabajo, en la cual se reúnen las principales publicaciones sobre
el tema.
El "Cabezo de las Minas" de Botorrita, constituye el punto
más elevado del solar donde se asentó el núcleo celtíbero
y romano de Contrebia Belaisca. Su nombre
significa "unión de las tribus de los belos", y surgió
por la fusión de núcleos indígenas anteriores de los
cuales hay restos arqueológicos incluso bajo la propia ciudad. Sus
vestigios ocupan más de 200.000 m2, emitió
moneda indígena de bronce, y debió adquirir su carácter
urbano a finales del siglo IV o durante el siglo III antes de Cristo
jerarquizando un territorio extenso, que llegaría quizá
hasta las riberas del río Ebro. Los procesos de iberización
y romanización fueron intensos y rápidos en Contrebia,
quizá como consecuencia de su buena situación respecto de
importantes vías de comunicación, y por hallarse en el límite
entre los ámbitos lingüístico-culturales celtíbero
e ibérico. El celtiberismo de los contrebienses se muestra, de
forma patente, en su lengua y en los objetos de bronce encontrados en las
excavaciones (esencialmente ornamentales), pues poseen mayoritariamente
esta filiación cultural. Predomina abrumadoramente la cerámica
de raigambre ibérica, a la cual se suman las importaciones o
imitaciones de vajilla romana. En los comienzos del Imperio Romano, parece
retroceder la proporción de producciones broncíneas de
tradición celtibérica.
El momento de mayor esplendor de la ciudad tiene lugar entre el
siglo III y primer cuarto del siglo I a.C., coincidiendo con el
florecimiento y máxima expansión de lo que constituyó
su actividad económica fundamental: la industria de tenerías.
Las instalaciones dedicadas a la elaboración de la piel se
extienden por la cima y buena parte de las laderas del "Cabezo de las
Minas", así como por otros puntos del núcleo urbano.
Ocupan, según han permitido comprobar las excavaciones efectuadas
hasta 1.991, más de 3.000 m2, siendo evidente la
presencia de restos de esta actividad fabril en otras zonas que todavía
no han sido puestas a la luz.
Contrebia, según demuestran los
hallazgos monetarios, cerámicos, y otros elementos arqueológicos,
mantuvo estrechas relaciones con los núcleos urbanos próximos
de las riberas del río Jalón: Nertobriga
(La Almunia/Calatorao), Bilbilis (Calatayud)
y Sekaisa (Belmonte, en la comarca de
Calatayud). Igualmente, se observa con nitidez su integración en un
eje comercial y cultural dirigido hacia el sudeste y la costa levantina (Arse
-Sagunto- y Ebusus -Ibiza-), y la ausencia de
intercambios importantes con las ciudades situadas a su oriente, en el
Valle del Ebro y zona costera catalana. Ya en época imperial, con
la decadencia de Contrebia, el núcleo
entrará plenamente en el ámbito de influencia de Caesaraugusta
(la Zaragoza romana) desde el mismo momento en que se produce la fundación
de la colonia.
Como es sabido, las excavaciones y remociones efectuadas en el
yacimiento han proporcionado cuatro documentos epigráficos de interés:
todos son bronces escritos, tres en signario ibérico y lengua
celtibérica, y otro en latín. En este último (tabula
Contrebiensis), los magistrados de Contrebia
resuelven en un conflicto de intereses entre comunidades indígenas,
utilizando un procedimiento no romano que es sancionado por el proconsul
Cayo Valerio Flacco. Este documento se data en el año 87 a.C. y
estuvo expuesto, sin duda, en un lugar público; tanto esta
circunstancia, como el papel que juega en la disputa el senado de la
ciudad, señalan que este era un buen momento en la vida de
Contrebia.
La ciudad celtibérica comenzó su declive, seguramente,
como consecuencia de las guerras sertorianas, cuya huella de destrucción
(bolas de catapulta, armamento ligero, grandes incendios) ha quedado
patente. Entre los años 76 y 72 a.C., el núcleo y su
edificio monumental se vieron seriamente afectados por las campañas
de Sertorio o Perperna. Iniciada ya la decadencia con estos sucesos,
Contrebia padeció nuevas destrucciones e
incendios como consecuencia de la actuación militar de César
en la península, seguramente tras la batalla de Ilerda
(Lérida) en 49 ó 48 a.C.
En los momentos finales de la República Romana y comienzos
del Principado de Augusto, se produce un cambio en la función que
desempeñan las estructuras levantadas en el "Cabezo de las
Minas". Si antes las construcciones evidenciaban una utilización
relacionada con la vida de la ciudad, mostrando edificios de carácter
público o dedicados a labores de transformación de materias
primas, ahora se aprovechará de forma exclusiva la privilegiada
posición estratégica del cabezo. Así, fue convertido
en un enclave militar de vigilancia, del que hasta ahora se han encontrado
restos de una torre de observación y tres murallas. En los años
inmediatamente anteriores y posteriores al cambio de Era, así como
durante el reinado de Nerón o comienzos de Epoca Flavia, se
produjeron destrucciones en las instalaciones militares del cabezo, acompañadas
de material bélico, en ocasiones muy abundante.
La contracción urbana de la ciudad, redujo el hábitat
imperial a la zona baja oriental del yacimiento. El abandono de estas áreas
de vivienda comenzó a producirse en torno a la segunda mitad del
siglo I d.C., si bien los materiales arqueológicos permiten
determinar que existía todavía población en Contrebia
en el siglo II. Posteriormente, el hábitat se ruraliza y dispersa
de forma definitiva, encontrándose en el solar de la ciudad
elementos residuales datables a mediados del siglo III. Los hallazgos
monetarios más tardíos efectuados hasta la fecha,
correspondientes a emisiones de Claudio I, señalan el momento a
partir del cual la decadencia del núcleo urbano fue totalmente
irreversible.
El Edificio Monumental de Adobe
En la zona más meridional de la cima del "Cabezo de
las Minas", se ubica una gran construcción asentada sobre un
emparrillado de sillares calizos de notable tamaño. La obra se
halla rodeada por hileras de estos elementos pétreos, mientras que
otros refuerzan la cimentación cruzando bajo el edificio en dirección
transversal a sus muros. Todo ello impide que los desplazamientos del
terreno arcilloso del cabezo afecten a la estabilidad de la construcción.
Esta, que ocupa en planta, aproximadamente 225 m2 (15 X 15 m),
se levantó con paredes formadas por adobes de notable tamaño
y dureza, asentados sobre bloques de piedra caliza relativamente
regulares, escuadrados deficientemente. En planta, el edificio se compone
de cinco estancias estrechas y alargadas, no totalmente paralelas, sino
abiertas ligeramente en abanico de norte a sur, especialmente las dos más
orientales.
El muro más occidental del conjunto no se conservaba, si bien ha sido perfectamente posible reconstruir su trazado basándonos en el límite del enlucido de yeso del suelo de la habitación, así como en la señal dejada por la humedad de la lluvia, que indicaba claramente su recorrido. Los cinco corredores se abren al exterior por otras tantas puertas, doblando los muros en ángulo recto a la altura de los umbrales. El cierre de los vanos, seguramente adintelados, se efectuó mediante elementos de madera guarnecidos con herrajes, los cuales se apoyaban en umbrales de piedra que se integran en la estructura de cimentación; estos se levantan entre 0'12 y 0'22 m por encima del suelo de las habitaciones. Las superficies de los muros estaban revestidas con barro, y los suelos con una capa de yeso. La altura máxima conservada de las paredes es de 5 m. En el punto más elevado aparecieron restos de lo que se interpretó como un pavimento, que se tomó como indicio de la existencia de una segunda planta; si bien la estructura, como veremos, constaba de dos plantas, estos restos deben ser considerados mejor como correspondientes a la techumbre, pues nada permite pensar que la construcción continuase por encima de los cinco metros. A una altura de casi 3 metros sobre los suelos, se han encontrado algunos mechinales de forma circular y triangular, para apoyar vigas de madera de, aproximadamente, 0'25 m de diámetro. En consecuencia, cabe deducir que éste sería el techo del primer piso, y suelo del segundo, que tendría menos elevación que el inferior.
Las puertas de las cinco naves se abren a una estrecha zona porticada,
cerrada por cuatro columnas dispuestas asimétricamente respecto de
la fachada. Estas se asientan directamente sobre basas cuadradas que hacen
el papel de zócalo, y están formadas por tambores de yeso
superpuestos cuyo diámetro va disminuyendo de abajo a arriba. Los
fustes muestran una superficie rugosa, y estuvieron enlucidos con yeso.
Los intercolumnios, son irregulares.
Las columnas, conservan un máximo de 4 tambores. De una de
ellas, la más occidental, solamente nos ha llegado la basa. La
existencia de una piedra plana irregular en forma de paralelepípedo,
en la esquina oriental del edificio (que incluimos en nuestra reconstrucción),
y la falta de todo el fuste en la columna antes citada, llevó
originalmente a pensar que el pórtico estaría sustentado por
tres columnas, siendo las basas de los extremos el apoyo de sendas
pilastras que cerrarían en los ángulos el área
porticada. Nosotros hemos preferido considerar que fueron cuatro las
columnas, quedando en la incógnita la utilización de la
quinta base de piedra, puesto que, si bien se sitúa muy descentrada
respecto de la actual superficie de la fachada, no sucedería lo
mismo si ésta fuese tan prolongada como el muro que cierra la
construcción por el sur. En resumen que, en nuestra opinión,
y a juzgar por el aspecto general de la planta, el edificio debió
ser en su última fase tal y como lo presentamos, si bien
anteriormente pudo tener cinco columnas en el área frontal, siendo
las dos naves orientales paralelas al resto, con el trazado de sus muros
perpendicular a la pared meridional de cierre, y la fachada de igual
longitud que ésta.
Lo que resulta claro, a la vista de las características de este
conjunto arquitectónico, es que nos hallamos ante una obra que, si
bien presenta influencias clásicas innegables, tiene un fuerte
componente de indigenismo, constituyendo un buen ejemplo del ambiente
cultural previo a la intensa romanización del territorio.
En cuanto a su función, se trata sin duda de un mercado,
ubicado muy cerca de las extensas instalaciones de tenerías, en un
lugar destacado y resguardado de la ciudad. Gran mercado de ámbito
territorial, y no sólo urbano, donde una parte muy importante de
las transacciones se basaría en las pieles y tejidos elaborados en
Contrebia. Esto explicaría la presencia,
evidenciada en nuestras excavaciones arqueológicas, de cerámicas
de almacén (mercancías acumuladas, envases rotos, etc.),
elementos de trabajo (pequeñas tareas de transformación),
objetos religiosos (símbolos de cultos comunes, de la fertilidad y
prosperidad), y la naturaleza monumental de la construcción.
Cronológicamente el gran edificio de adobe del "Cabezo
de las Minas" se levantó entre el siglo III y comienzos del
siglo II a.C., es decir, a la vez, o poco después, que se producía
la constitución de Contrebia Belaisca
como núcleo urbano. El abandono del mismo tuvo lugar en época
de Sertorio (sobre el 75 a.C.), coincidiendo con el inicio del declive de
la ciudad y de su industria de curtidos. En consecuencia, podemos decir
que la estructura estuvo en uso durante todo el período de apogeo
de la población, finalizando su fase principal con el comienzo de
la decadencia de ésta. Posteriormente, fue reutilizada en parte,
levantándose algunos muros que compartimentaban pequeños
espacios y efectuando otras alteraciones, detectadas y de escasa
importancia. La vigencia residual de la construcción parece
terminar de forma definitiva, como muy tarde, a comienzos del Principado
de Augusto.
Para más información ver:
* Medrano Marqués, Manuel; Díaz Sanz, María Antonia; Tramullas Saz, Jesús: Reconstitución del edificio monumental de Contrebia Belaisca (Botorrita, Zaragoza). Complutum 1 (Aplicaciones Informáticas en Arqueología), 281-292. Universidad Complutense de Madrid, 1991.
* Díaz Sanz, María Antonia: Campaña de excavación preventiva en el yacimiento del "Cabezo de las Minas" (Botorrita, Zaragoza). 1991. Arqueología Aragonesa 1991, 385-388. Zaragoza.
* Díaz Sanz, María Antonia; Medrano Marqués, Manuel: La campaña de excavaciones arqueológicas de 1992 en Contrebia Belaisca (Botorrita, Zaragoza).Arqueología Aragonesa 1992, 87-91. Zaragoza.