El Cabezo de la Cruz: una arqueología de bomberos.

Hace unas décadas se acuñó en algunos países europeos el término "arqueología de bomberos" para referirse a lo que aquí siempre hemos denominado "arqueología preventiva". Resultaba bien expresivo aquel término. Definía un tipo de intervención urgente, una vez que había sonado la alarma, que propiciada por la propia Administración tenía por objeto salvaguardar (siempre in extremis) un bien patrimonial afectado ya por otra suerte de actuaciones, respondieran éstas a intereses públicos o privados.

La "arqueología de bomberos", como la "preventiva", respondían a una filosofía conservacionista para con nuestro Patrimonio Histórico y Cultural, por el que la Administración debe velar, garantizando así su conservación o, en su defecto, el máximo conocimiento del mismo ante su posible desaparición. Pero aquél término también transmitía falta de previsión, de planificación en la gestión, de criterios incluso, "apagando fuegos" allí donde y cuando se producían; y claro, el calificativo de "preventiva" resultó preferible porque venía a dotarla, al menos en apariencia, de ese necesario contenido que le faltaba.

Estos días los medios de comunicación han dado la noticia de que un importante yacimiento de la Edad del Hierro está amenazado por las obras de ejecución de la autovía de Teruel; El Cabezo de la Cruz. Un yacimiento excepcional, ciertamente, aunque en él no aparecerá la "Venus de Milo". Tal vez uno de los mejores de ese momento descubiertos hasta ahora en suelo aragonés.

Un hecho como éste, una nueva alarma, que por otra parte y por desgracia no es nueva, debe hacer plantearse a la Dirección General correspondiente del Gobierno Aragonés, si más allá de su obligación tiene interés en conservar ese tipo de Patrimonio, y si lo tiene qué clase de arqueología conservacionista está llevando a cabo. Parece que en el caso del Cabezo de la Cruz, como en otros muchos, la de "bomberos". Que a estas alturas, es decir, que estando las obras de la autovía prácticamente encima, la Administración competente esté a la espera, según ha manifestado, de un estudio completo para ver qué se hace con el trazado, resulta una justificación de una simplicidad extrema, y por ende hasta parece que planteada en la creencia de que los administrados somos crédulos ignorantes. Porque no estamos hablando de un yacimiento desconocido que ha surgido casualmente como consecuencia del propio desarrollo de las obras (y para el que entonces sí que habría que arbitrar una solución no prevista), sino de uno que se conoce desde el año 1975 y del que existe una publicación realizada por Burillo y Fanlo en 1979.

El plazo para decidir qué se hacía con el trazado de la autovía se nos antoja que pasó hace mucho tiempo, en 1999, cuando la Diputación General de Aragón estableció como únicas prescripciones o medidas correctoras al proyecto la excavación del yacimiento si se veía afectado por las obras, según cabe deducir de lo que hoy ocurre, en lugar de plantear ya entonces un desvío del trazado (unos cuantos metros hubieran bastado), u otra solución que no afectase ni a aquél ni al cabezo en que se asienta.

Actuar así hubiera sido lo propio de una gestión correcta en arqueología preventiva. ¿Porqué lo que hoy vemos es pues propio de la otra, de los apagafuegos?. El yacimiento debe ser excavado con las máximas garantías y conservado si finalmente se confirman las expectativas que hay en él. Los materiales exhumados hasta ahora, ajuares domésticos completos in situ, estructuras arquitectónicas de piedra y adobe o tapial, siempre de una delicadeza especial, niveles arqueológicos repletos de su carga histórica para interpretar, y un largo etcétera que la excavación se encargará de completar, ofrecerán una importantísima información si ésta se realiza, y no lo debemos dudar, con las adecuadas garantías.

No queremos finalizar sin hacer un guiño a una realidad hoy demasiado evidente a lo largo y ancho de la geografía nacional: la manera en que se gestiona toda esta denominada arqueología preventiva en la que encuentran empleo o negocio arqueólogos y empresas de arqueología, que en su carácter de técnicos desempeñan su tarea para terceros, ya sean particulares o la propia Administración, y la independencia científica y técnica que debe presidir su actuación.

La experiencia viene demostrando que al socaire de actuaciones correctas desde el punto de vista administrativo, siempre dentro de lo que puede suponer una interpretación excesivamente permisiva de las leyes, en muchos casos el único fruto que pueda enriquecer nuestro acerbo cultural y nuestro patrimonio común es hecho desaparecer y queda sustituido por la liberación apresurada de unos espacios, terrenos, solares, etc. para la inmediata sustitución de ese patrimonio por carreteras, vías férreas, operaciones urbanísticas, etc.

Desde nuestra modesta opinión consideramos y defendemos que el objetivo de una excavación arqueológica es la correcta recuperación de los restos materiales de nuestro pasado (objetos, estructuras y demás tipos de evidencias), por encima de cualquier otro interés, para el enriquecimiento científico y cultural de la Sociedad.

Departamento de Ciencias de la Antigüedad
Universidad de Zaragoza

Nota enviada a la prensa escrita (Heraldo y El Periódico) según acuerdo del Consejo de Departamento de hoy día 19/06/03 Publicada el 20/06/03



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